Cómo si de una hibernación se tratara, salgo de mi letargo blogosférico después de casi tres meses. Pareciera como si el 28 de diciembre pasado, los Santos Inocentes, me hubieran gastado una broma de difícil digestión. Ni yo mismo soy capaz de entender esta apatía que me entró de repente, una desgana que aparentemente no estaba motivada por nada especial, al contrario, en esas fechas tuve una gratísima visita, El Peregrino de la Blogosfera, todo un honor por otro lado, que me estimuló muchísimo. El viento soplaba a favor y, sin embargo, mi barco se encalló. Cómo explicaciones no tengo, pues lo aparco y no lo doy más vueltas y digo: HOLA.
Aunque está siendo un año tremendamente seco, es verdad que algunas especies se resisten a no mostrar sus excelencias.Para vosotros.


